Pero se quedó allí, parado, sin hacer nada. Por un momento, desde su perspectiva, tuvo la impresión de que aquella mole no era mucho mayor que él. ¿Y si...?
En el campo se hizo el silencio; ni siquiera se escuchaba el relincho de los caballos... y después, el estruendo. A medida que la nube de polvo se fue disipando todos volvieron a sus puestos, cabizbajos; daban gracias en secreto por no haber sido ellos, como tantas otras veces. Sólo el Alfil se atrevió a romper el silencio:
-Malos tiempos para ser un peón...
Me sorprendió,de verdad.
ResponderEliminar¡Gran imaginación!
Un saludo!^^
Muchas gracias, Byron, me alegro de que te haya gustado. Un saludo, espero verte de vuelta ;)
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